Es un regalo que me hizo mi padre al llegar de mi luna de miel. Está ubicado en una pequeña salita llena de libros. Él preside la habitación y ha sido testigo del nacimiento de mis hijos, de su infancia, de momentos difíciles, de risas y también de cosas tristes. Espero conservarlo hasta mi marcha.
El otro día lo descolgué y como es un cuadro grande y pesado, tuve que pedir ayuda para volver a colgarlo. Sus colores son intensos, azul grisáceos, árboles desnudos, piedras con musgo. Una maravilla de recuerdo. A veces le digo ¡cómo te quiero cuadro! Y veo a mi padre sonreír.
Mari Carmen

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