Mi colección de dedales empezó hace más de 25 años, por casualidad, durante un viaje y un poco por mi nieta Naiara. Lo que empezó siendo un pequeño detalle se convirtió poco a poco en una afición que hoy cuenta con más de 350 dedales, cada uno con su propia forma, sus colores y su historia.
Con el paso del tiempo y las circunstancias de no poder viajar como antes y seguir ampliando la colección, ha surgido algo todavía más especial: el cariño y acuerdo de familiares y amigos que cuando viajan a algún lugar, se acuerdan y me traen un dedal. Así, desde distintos rincones y destinos, van llegando pequeñas piezas que encuentran su lugar junto a las demás, que si miras con detalle podrás encontrar desde un dedal de Miranda de Ebro a otro de, por ejemplo, Cuba.
Con el paso del tiempo y las circunstancias de no poder viajar como antes y seguir ampliando la colección, ha surgido algo todavía más especial: el cariño y acuerdo de familiares y amigos que cuando viajan a algún lugar, se acuerdan y me traen un dedal. Así, desde distintos rincones y destinos, van llegando pequeñas piezas que encuentran su lugar junto a las demás, que si miras con detalle podrás encontrar desde un dedal de Miranda de Ebro a otro de, por ejemplo, Cuba.
El primer lugar donde lo fui poniendo era la casita de madrea, que por mi otra adicción de restauración la arregle y adecente para poder ir poniéndolos. Después y por lo rápido que se llenó tuve que ponerme con el armario más llamativo y con más decoración, prepararle y colgarle en la pared para seguir la colección. Y así poco a poco, cada vez que llenaba uno fui añadiendo más armarios.
Alguien que me visite y los vea me podrá decir que tengo repetidos y así es, uno de los armarios pequeños es el armario de mi consuegra María, ya que cuando mi nieta Naiara me compraba uno a mí también la compraba a ella y cuando ya falto, los trajo Naiara para ponerlos todos juntos.
Araceli
(con la colaboración de su nieta Naiara)
(con la colaboración de su nieta Naiara)
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