Entre ladridos y desde un rincón favorito en nuestra casa del jardín, somos León y Senna, unos mastines grandullones pero muy cariñosos.
Observamos el comportamiento de las personas de nuestro alrededor. Para nosotros los humanos no son sólo cuidadores son criaturas desconcertantes, a veces torpes, pero profundamente amados.
Soy León y pienso que los humanos son un poco lentos, se mueven pero no siempre llegan a ningún lado. Pienso que para qué se meten en casa con lo bien que se vive en el jardín al aire libre. Cuando los vemos nos ponemos contentos y meneamos la cola para que nos acaricien y pienso que los humanos dan amor.
Soy Sena y, más observadora, pienso los humanos son torpes porque no pueden oler el peligro a lo lejos como yo. Reflexiono y me acurruco a los pies y por la voz sé si están contentos o enfadados.
Al final del día nos compenetramos, intercambiamos miradas y los dos nos preguntamos por qué los humanos dan voces para hablar, si con un guau bastaría! Sabemos que los humanos nos cuidan y con una caricia nos basta para sentirnos felices. ¡Ya está!
Flori
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